LA VIVIENDA EN CHILE
En los patios traseros de las poblaciones pobres de Santiago viven cientos de miles de familias hacinadas que forman parte de los millones de pobres de este país. Ellos son los hijos de los pobladores que anteriormente se tomaron sus terrenos, hoy día son adultos, se han casado y forman parte de la legión de los “sin casa”,
Antecedentes históricos
El movimiento de pobladores empieza a manifestarse a partir del año 1914, a través de la liga de Arrendatarios de cités y conventillos y más tarde se consolida con la Asamblea Obrera de la Alimentación. Hacia el año 1922 adquiere una gran fuerza a raíz de la lucha contra las alzas de los arriendos. En síntesis la historia nos muestra que la lucha por la vivienda se constituye desde un principio en un motor que da vida e impulsa el desarrollo de los pobladores.
En esta lucha por mejorar sus condiciones de vida, ellos crean más tarde el “Comité Pro Abaratamiento e Higienización de las habitaciones” que es ayudado por la Unión Femenina de orientación anarquista y organizan “una campaña que incluyó un pliego correspondiente a 104 conventillos del Arzobispado de Santiago”. Como resultado de las acciones emprendidas, a fines de Mayo de 1922 se declaran en Huelga de no Pago de Arriendos más de 300 conventillos de Santiago.
Fortalecidos por la unidad alcanzada por la Liga de Arrendatarios y la Sociedad de Arrendatarios de Defensa Mutua, los pobladores hicieron mitines de 80.000 y 30.000 personas en Santiago y Valparaíso respectivamente. La huelga de No Pago iniciada el 13 de Febrero de 1925 obligó al gobierno a dictar el Decreto Ley Nº 261, que rebajó en un 50% los alquileres de las viviendas insalubres y creó los Tribunales de Vivienda.
Durante ese año los paros parciales continuaron, pero a pesar de ello el movimiento de pobladores se fue debilitando y la Liga de Arrendatarios se fue subordinando al Partido Comunista, con lo cual fue perdiendo la autonomía social que tuvo al comienzo.
El año 1930 estuvo marcado por una gran crisis económica y miles de familias se vieron obligadas a migrar a la capital desde otras ciudades y campos. Fue así que entre los años 1930 y 1940 la población de Santiago aumentó en medio millón de habitantes. Los efectos fueron tremendos, especialmente en lo que se refiere a la vivienda.
Al llegar a Santiago; las familias buscaron un trabajo que les permitiera subsistir, pero los salarios que ganaban apenas les alcanzaban para pagar un arriendo y los únicos lugares que encontraron disponibles fueron una pieza en conventillo o cité. Éstos eran viviendas que se adaptaban en viejas casonas o en pasajes y se subdividían una y otra vez para dar cabida a grupos más y más numerosos. El uso intensivo que se les dio las fue deteriorando y sus habitantes no contaron con medios económicos para repararlas. El hacinamiento y la falta de higiene que produjo el uso constante de baños, cocinas, lavaderos y piezas llevaron a sus moradores a un grado de desesperación tal, que se vieron empujados a buscar en forma urgente un tipo mejor de soluciones.
Como los gobiernos no tomaban carta en el asunto, los partidos políticos populares tomaron la iniciativa de trabajar con las “familias sin casa” y juntos buscaron soluciones propias que respondieran más adecuadamente a sus intereses. Como consecuencia de este trabajo en el año 1946 se realizó la primera toma de terrenos, en el Zanjón de la Aguada. Las familias se instalaron en callampas, es decir, levantaron rucas que fueron mejorando de a poco a medida que el sitio en que estaban instaladas se fue dotando de las condiciones mínimas para vivir; luz, agua, entre otros, etc.
La presión popular por el derecho a una vivienda digna se hizo cada vez mas fuerte y en 1952 el general Carlos Ibáñez del Campo aprovechó la ocasión para sustentar su campaña presidencial en el ofrecimiento de un Programa para la Vivienda. Con ello consiguió un importante apoyo popular que se expresó en los votos de su elección. Posteriormente se olvidó de sus promesas y mandó a derrumbar los conventillos que afeaban los terrenos céntricos.
En el año 1950 se acentúa la migración dentro de la misma ciudad de Santiago, los habitantes de los conventillos se trasladan hacia las zonas periféricas, principalmente por dos motivos:
a) la expulsión de estos habitantes por la remodelación de Santiago Centro y por el alto valor de la tierra ocupada por los conventillos.
b) a raíz de la numerosas fábricas instaladas en la zona sur, lo que provocó que los trabajadores construyeran sus viviendas cerca de la zona industrial.
La presión de una casa siguió aumentando y en 1953 Alessandri, creó la CORVI, que propuso soluciones que beneficiaron directamente a los empresarios de la construcción y luego a los sectores de la clase media alta, que fueron los únicos que pudieron pagar los precios de las viviendas construidas.
Ante la necesidad de “los sin casa” continuaron tomando terrenos y formando poblaciones en el Zanjón de la Aguada Mapocho norte, San Miguel, Renca, etc. A fines de 1959 unas 150.000 personas habitaban en poblaciones callampas.
Una de las tomas más importantes fue realizada en 1957 en La Feria y se bautizó con el nombre de La Victoria. Sus protagonistas fueron los pobladores que tuvieron que salir del Zanjón de la Aguada.
Ya para el año 1960 se calcula que existían alrededor de 2 millones de personas “sin casa”. En 1964 Frei en su programa de gobierno elaboró un Proyecto Populista de Vivienda. Una vez electo lanzó la llamada “Operación Sitio”, que luego los pobladores denominaron “Operación Tiza” porque sólo les entregaban un sitio y el dibujo tizado donde debían construir su vivienda.
Posteriormente se implementó el Programa de Ahorro Popular por medio de la compra de cuotas con las cuales las personas podían optar a:
- un sitio semi-urbanizado
- una vivienda en extensión o
- una vivienda en altura (departamentos).
Las familias que tenían muchos niños no podían ahorrar más, entonces tenían que contentarse con las viviendas más baratas. El Estado actuaba como intermediario a través de la CORVI entre el empresario y el comprador pero no hacía efectivo el derecho a la vivienda. Es así que continuaron las tomas de terrenos:
- La Bandera con 648 familias (1967)
- Lo Hermida (1970)
- Lenin en Concepción (1970)....
En 1971, en Santiago según un censo, se encuentran viviendo alrededor de 55.000 familias en 312 campamentos, o sea el 10% de la población. En 1972, según el Ministerio de la Vivienda, los campamentos albergaban a 83.000 familias, el 15% de la población.
La experiencia de “las tomas” y de los campamentos, hizo surgir progresivamente una tendencia que se manifestó en un tipo de organización poblacional que asumió los problemas materiales (casa, agua, luz), pero no se quedó ahí sino que incorporó el resto de las necesidades de las familias.
A fin de ir reforzando este tipo de organización se creó una Coordinación de Campamentos que convocó al Primer Congreso de Pobladores “sin casa”, realizado en abril de 1970, ahí se declaró que “la vivienda es la base material en que descansa la familia, además de ser un derecho”.
El Movimiento de Pobladores es terminado en 1973, se disuelven todas las organizaciones territoriales y funcionales, la Juntas de Vecinos pasan a manos de dirigentes designados con el fin de controlar a los pobladores.
En el año 1980 la dictadura de Pinochet modifica la Constitución de 1925, y entre otras cosas cambia la ley que establecía que la vivienda es un derecho, ahora la vivienda pasa a ser un Bien Raíz que se puede tener o no, o sea la vivienda ya no es legalmente un derecho.
En 1982 se implementa el programa de Relocalización socio-espacial de la pobreza que da origen a la erradicación de los sectores pobres que se ubicaban en lugares céntricos de Santiago y también de aquellos que ocupaban terrenos más valiosos en el sector alto de la capital. Con ello se perseguía disolver y controlar a los sectores más conflictivos, como campamentos y tomas de terrenos. Como resultado de esta política entre los años 1982-1987 se erradican 29.000 familias, las cuales son ubicadas en comunas periféricas como La Pintana, San Bernardo, Maipú, Pudahuel, La Florida.
A pesar de la represión que ejercía la dictadura sobre los sectores populares, en 1983 alrededor de 11.000 familias realizan la “toma de terrenos” más grande de la historia de Chile, dando origen a los campamentos Raúl Silva Henríquez y Juan Francisco Fresno.
Vuelta a la democracia
Desde la vuelta a la democracia, la Concertación poco y nada ha hecho por realizar cambios radicales a las políticas habitacionales de la Dictadura, es más, ha caído en el juego. Las estadísticas avalan a los gobiernos de la Concertación, han entregado miles de viviendas sociales, o más bien, “pseudos viviendas”. Y así como las cifras los favorecen, no han sido menores los problemas que han surgido bajo este sistema neoliberal, “casas copeva, casas de nailon, casas acuario, etc, etc, etc.
El Estado se ha transformado y concebido como un ente económico al servicio del capital nacional y extranjero y se ha abocado a cimentar un sistema lo más funcional posible a la reproducción de la riqueza y a la acumulación del capital. Esto se logró a través de siete medidas que pueden considerarse como la agenda básica del Neoliberalismo:
1. La apertura externa unilateral;
2. Las privatizaciones extensivas de las empresas públicas;
3. El desmantelamiento de la regulación de mercados de bienes, servicios y del trabajo;
4. La liberalización del mercado de capitales, integrando a este el sistema de fondos de pensiones;
5. El ajuste fiscal basado en la reducción de los gastos públicos y la extensión de la base tributaria de impuestos indirectos;
6. El cambio en el carácter del gasto social el que pasó a ser focalizado y compensatorio y;
7. El desmantelamiento de la política industrial para concentrarse en la gestión macroeconómica. (Díaz 1996)
El Estado incentiva la formación de un mercado abierto de viviendas y prácticamente ha traspasado la “responsabilidad social“ al sector privado, entregándole primero el compromiso sobre los proyectos de arquitectura y urbanización, y posteriormente la elección de los terrenos para la ubicación de los conjuntos.
El mercado inmobiliario se apoderó de la ciudad y los habitantes de menores recursos han sido expulsados a la periferia, sin considerar sus expectativas de vida, escondiendo la pobreza y cubriendo con un velo la segregación espacial y social que se ha ido gestando en este Chile Moderno
La política de desarrollo urbano aspira a la conformación de barrios homogéneos lo que inevitablemente llevará a la construcción de una ciudad dicotómica en donde convivirán sin conocerse la riqueza y la pobreza, el derroche y la escasez, la salud y la enfermedad, la seguridad y la inseguridad.
En los patios traseros de las poblaciones periféricas de Santiago viven cientos de miles de familias hacinadas que forman parte de los millones de pobres de este país. Ellos son los hijos de los pobladores que anteriormente se tomaron sus terrenos, hoy día son adultos, se han casado y forman parte de la legión de los “sin casa”,
¿Es correcto extender los criterios del consumismo a las políticas de vivienda, generando productos desechables, de bajo costo y baja duración, para los consumidores masivos?
¿Es acertado pensar en construir menos viviendas de mejor calidad y con una duración en el tiempo que permita realmente superara el déficit que dice relación con aquel lugar privilegiado en donde se da la vida, que es la vivienda.?
¿Es necesario dejar en manos privadas un tema tan delicado como la vivienda social?
En los patios traseros de las poblaciones pobres de Santiago viven cientos de miles de familias hacinadas que forman parte de los millones de pobres de este país. Ellos son los hijos de los pobladores que anteriormente se tomaron sus terrenos, hoy día son adultos, se han casado y forman parte de la legión de los “sin casa”,
Antecedentes históricos
El movimiento de pobladores empieza a manifestarse a partir del año 1914, a través de la liga de Arrendatarios de cités y conventillos y más tarde se consolida con la Asamblea Obrera de la Alimentación. Hacia el año 1922 adquiere una gran fuerza a raíz de la lucha contra las alzas de los arriendos. En síntesis la historia nos muestra que la lucha por la vivienda se constituye desde un principio en un motor que da vida e impulsa el desarrollo de los pobladores.
En esta lucha por mejorar sus condiciones de vida, ellos crean más tarde el “Comité Pro Abaratamiento e Higienización de las habitaciones” que es ayudado por la Unión Femenina de orientación anarquista y organizan “una campaña que incluyó un pliego correspondiente a 104 conventillos del Arzobispado de Santiago”. Como resultado de las acciones emprendidas, a fines de Mayo de 1922 se declaran en Huelga de no Pago de Arriendos más de 300 conventillos de Santiago.
Fortalecidos por la unidad alcanzada por la Liga de Arrendatarios y la Sociedad de Arrendatarios de Defensa Mutua, los pobladores hicieron mitines de 80.000 y 30.000 personas en Santiago y Valparaíso respectivamente. La huelga de No Pago iniciada el 13 de Febrero de 1925 obligó al gobierno a dictar el Decreto Ley Nº 261, que rebajó en un 50% los alquileres de las viviendas insalubres y creó los Tribunales de Vivienda.
Durante ese año los paros parciales continuaron, pero a pesar de ello el movimiento de pobladores se fue debilitando y la Liga de Arrendatarios se fue subordinando al Partido Comunista, con lo cual fue perdiendo la autonomía social que tuvo al comienzo.
El año 1930 estuvo marcado por una gran crisis económica y miles de familias se vieron obligadas a migrar a la capital desde otras ciudades y campos. Fue así que entre los años 1930 y 1940 la población de Santiago aumentó en medio millón de habitantes. Los efectos fueron tremendos, especialmente en lo que se refiere a la vivienda.
Al llegar a Santiago; las familias buscaron un trabajo que les permitiera subsistir, pero los salarios que ganaban apenas les alcanzaban para pagar un arriendo y los únicos lugares que encontraron disponibles fueron una pieza en conventillo o cité. Éstos eran viviendas que se adaptaban en viejas casonas o en pasajes y se subdividían una y otra vez para dar cabida a grupos más y más numerosos. El uso intensivo que se les dio las fue deteriorando y sus habitantes no contaron con medios económicos para repararlas. El hacinamiento y la falta de higiene que produjo el uso constante de baños, cocinas, lavaderos y piezas llevaron a sus moradores a un grado de desesperación tal, que se vieron empujados a buscar en forma urgente un tipo mejor de soluciones.
Como los gobiernos no tomaban carta en el asunto, los partidos políticos populares tomaron la iniciativa de trabajar con las “familias sin casa” y juntos buscaron soluciones propias que respondieran más adecuadamente a sus intereses. Como consecuencia de este trabajo en el año 1946 se realizó la primera toma de terrenos, en el Zanjón de la Aguada. Las familias se instalaron en callampas, es decir, levantaron rucas que fueron mejorando de a poco a medida que el sitio en que estaban instaladas se fue dotando de las condiciones mínimas para vivir; luz, agua, entre otros, etc.
La presión popular por el derecho a una vivienda digna se hizo cada vez mas fuerte y en 1952 el general Carlos Ibáñez del Campo aprovechó la ocasión para sustentar su campaña presidencial en el ofrecimiento de un Programa para la Vivienda. Con ello consiguió un importante apoyo popular que se expresó en los votos de su elección. Posteriormente se olvidó de sus promesas y mandó a derrumbar los conventillos que afeaban los terrenos céntricos.
En el año 1950 se acentúa la migración dentro de la misma ciudad de Santiago, los habitantes de los conventillos se trasladan hacia las zonas periféricas, principalmente por dos motivos:
a) la expulsión de estos habitantes por la remodelación de Santiago Centro y por el alto valor de la tierra ocupada por los conventillos.
b) a raíz de la numerosas fábricas instaladas en la zona sur, lo que provocó que los trabajadores construyeran sus viviendas cerca de la zona industrial.
La presión de una casa siguió aumentando y en 1953 Alessandri, creó la CORVI, que propuso soluciones que beneficiaron directamente a los empresarios de la construcción y luego a los sectores de la clase media alta, que fueron los únicos que pudieron pagar los precios de las viviendas construidas.
Ante la necesidad de “los sin casa” continuaron tomando terrenos y formando poblaciones en el Zanjón de la Aguada Mapocho norte, San Miguel, Renca, etc. A fines de 1959 unas 150.000 personas habitaban en poblaciones callampas.
Una de las tomas más importantes fue realizada en 1957 en La Feria y se bautizó con el nombre de La Victoria. Sus protagonistas fueron los pobladores que tuvieron que salir del Zanjón de la Aguada.
Ya para el año 1960 se calcula que existían alrededor de 2 millones de personas “sin casa”. En 1964 Frei en su programa de gobierno elaboró un Proyecto Populista de Vivienda. Una vez electo lanzó la llamada “Operación Sitio”, que luego los pobladores denominaron “Operación Tiza” porque sólo les entregaban un sitio y el dibujo tizado donde debían construir su vivienda.
Posteriormente se implementó el Programa de Ahorro Popular por medio de la compra de cuotas con las cuales las personas podían optar a:
- un sitio semi-urbanizado
- una vivienda en extensión o
- una vivienda en altura (departamentos).
Las familias que tenían muchos niños no podían ahorrar más, entonces tenían que contentarse con las viviendas más baratas. El Estado actuaba como intermediario a través de la CORVI entre el empresario y el comprador pero no hacía efectivo el derecho a la vivienda. Es así que continuaron las tomas de terrenos:
- La Bandera con 648 familias (1967)
- Lo Hermida (1970)
- Lenin en Concepción (1970)....
En 1971, en Santiago según un censo, se encuentran viviendo alrededor de 55.000 familias en 312 campamentos, o sea el 10% de la población. En 1972, según el Ministerio de la Vivienda, los campamentos albergaban a 83.000 familias, el 15% de la población.
La experiencia de “las tomas” y de los campamentos, hizo surgir progresivamente una tendencia que se manifestó en un tipo de organización poblacional que asumió los problemas materiales (casa, agua, luz), pero no se quedó ahí sino que incorporó el resto de las necesidades de las familias.
A fin de ir reforzando este tipo de organización se creó una Coordinación de Campamentos que convocó al Primer Congreso de Pobladores “sin casa”, realizado en abril de 1970, ahí se declaró que “la vivienda es la base material en que descansa la familia, además de ser un derecho”.
El Movimiento de Pobladores es terminado en 1973, se disuelven todas las organizaciones territoriales y funcionales, la Juntas de Vecinos pasan a manos de dirigentes designados con el fin de controlar a los pobladores.
En el año 1980 la dictadura de Pinochet modifica la Constitución de 1925, y entre otras cosas cambia la ley que establecía que la vivienda es un derecho, ahora la vivienda pasa a ser un Bien Raíz que se puede tener o no, o sea la vivienda ya no es legalmente un derecho.
En 1982 se implementa el programa de Relocalización socio-espacial de la pobreza que da origen a la erradicación de los sectores pobres que se ubicaban en lugares céntricos de Santiago y también de aquellos que ocupaban terrenos más valiosos en el sector alto de la capital. Con ello se perseguía disolver y controlar a los sectores más conflictivos, como campamentos y tomas de terrenos. Como resultado de esta política entre los años 1982-1987 se erradican 29.000 familias, las cuales son ubicadas en comunas periféricas como La Pintana, San Bernardo, Maipú, Pudahuel, La Florida.
A pesar de la represión que ejercía la dictadura sobre los sectores populares, en 1983 alrededor de 11.000 familias realizan la “toma de terrenos” más grande de la historia de Chile, dando origen a los campamentos Raúl Silva Henríquez y Juan Francisco Fresno.
Vuelta a la democracia
Desde la vuelta a la democracia, la Concertación poco y nada ha hecho por realizar cambios radicales a las políticas habitacionales de la Dictadura, es más, ha caído en el juego. Las estadísticas avalan a los gobiernos de la Concertación, han entregado miles de viviendas sociales, o más bien, “pseudos viviendas”. Y así como las cifras los favorecen, no han sido menores los problemas que han surgido bajo este sistema neoliberal, “casas copeva, casas de nailon, casas acuario, etc, etc, etc.
El Estado se ha transformado y concebido como un ente económico al servicio del capital nacional y extranjero y se ha abocado a cimentar un sistema lo más funcional posible a la reproducción de la riqueza y a la acumulación del capital. Esto se logró a través de siete medidas que pueden considerarse como la agenda básica del Neoliberalismo:
1. La apertura externa unilateral;
2. Las privatizaciones extensivas de las empresas públicas;
3. El desmantelamiento de la regulación de mercados de bienes, servicios y del trabajo;
4. La liberalización del mercado de capitales, integrando a este el sistema de fondos de pensiones;
5. El ajuste fiscal basado en la reducción de los gastos públicos y la extensión de la base tributaria de impuestos indirectos;
6. El cambio en el carácter del gasto social el que pasó a ser focalizado y compensatorio y;
7. El desmantelamiento de la política industrial para concentrarse en la gestión macroeconómica. (Díaz 1996)
El Estado incentiva la formación de un mercado abierto de viviendas y prácticamente ha traspasado la “responsabilidad social“ al sector privado, entregándole primero el compromiso sobre los proyectos de arquitectura y urbanización, y posteriormente la elección de los terrenos para la ubicación de los conjuntos.
El mercado inmobiliario se apoderó de la ciudad y los habitantes de menores recursos han sido expulsados a la periferia, sin considerar sus expectativas de vida, escondiendo la pobreza y cubriendo con un velo la segregación espacial y social que se ha ido gestando en este Chile Moderno
La política de desarrollo urbano aspira a la conformación de barrios homogéneos lo que inevitablemente llevará a la construcción de una ciudad dicotómica en donde convivirán sin conocerse la riqueza y la pobreza, el derroche y la escasez, la salud y la enfermedad, la seguridad y la inseguridad.
En los patios traseros de las poblaciones periféricas de Santiago viven cientos de miles de familias hacinadas que forman parte de los millones de pobres de este país. Ellos son los hijos de los pobladores que anteriormente se tomaron sus terrenos, hoy día son adultos, se han casado y forman parte de la legión de los “sin casa”,
¿Es correcto extender los criterios del consumismo a las políticas de vivienda, generando productos desechables, de bajo costo y baja duración, para los consumidores masivos?
¿Es acertado pensar en construir menos viviendas de mejor calidad y con una duración en el tiempo que permita realmente superara el déficit que dice relación con aquel lugar privilegiado en donde se da la vida, que es la vivienda.?
¿Es necesario dejar en manos privadas un tema tan delicado como la vivienda social?
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